Confinamiento con gato

04/24/2020

       Los que, en tanto llega la desescalada, estamos pasando el confinamiento por la pandemia (¿cuántas veces se habrán pronunciado estos tres sustantivos en estos dos últimos meses? ¿quizá más que a lo largo de toda la historia del castellano, desde finales del siglo X hasta el 1 de marzo de 2020?), los que -decía- tenemos gato, no tenemos el privilegio de salir a la calle para darle un paseo "corto, sólo para cubrir las necesidades fisiológicas" -como ha precisado la autoridad-. Esas salidas sólo son posibles con perro, pero no es una restricción discriminatoria, porque el gato no sale. Ni sale, ni cubre en mitad de la acera sus necesidades fisiológicas. Es más señorial: se baja del sillón y va... al lugar adecuado para lo fisiológico. Y, a su modo, el gato hace la misma compañía: se nos queda mirando fijamente, como en este dibujo que me ha mandado Manuel Alcorlo, tratando de entendernos, y probablemente convenciéndose de que es una tarea imposible. Entre el gato y el hombre hay una extraña relación en la que concurren el cariño y la incomprensión. Pero el corazón y la razón tienen razones distintas. Ya lo advirtió Pascal. También hay muchas parejas que se quieren sin entenderse. Lo que no es nada raro, teniendo en cuenta la dificultad que tiene entenderse uno a sí mismo.

 

 

 

 

 

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© Antonio Pau                                                                        

 

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