ESTO ES LO QUE HAY

05/29/2019

          Cuando Alexander Solzhenitsyn se inventó para título de su larga novela-reportaje el nombre de Archipiélago Gulag, estaba uniendo un elemento real –el archipiélago Solowetzky, cercano al  Círculo Polar Ártico- y un elemento ficticio –ningún archipiélago se llama así: GULAG son las iniciales rusas de uno de los órganos más temidos de la Administración soviética, Dirección General de Campos de Trabajo Correccional–.

            Pues bien, en la isla principal de ese archipiélago, Bolshoy Solovetsky, y dentro de ella en el único punto habitado, Solovki, unos monjes ortodoxos fundaron un monasterio a mediados del siglo XV. En 1992, cuando el monasterio se incorporó al Patrimonio de la Humanidad, el acuerdo declaró que era “un testimonio admirable de la fe y la tenacidad de las comunidades religiosas de la Edad Media”. Que el monasterio –como la isla– esté casi todo el año cubierto de nieve y a temperaturas bajo cero, es, desde luego, una prueba de ascetismo difícilmente superable.

            Pero en su historia secular este monasterio pasó por un episodio sanguinario: fue la primera prisión soviética de disidentes. Hoy siguen quedando huellas de ese episodio. Dos grandes fotógrafos españoles, Juan Manuel Castro Prieto y Rafael Trapiello, han ido a ese apartado rincón del mundo para traernos el testimonio gráfico de la singular historia de ese lejano monasterio en que la fe y la crueldad se sucedieron. Sus obras están expuestas en el Centro de Arte Alcobendas. Algunos de los pocos monjes y de los pocos civiles que aún viven en una tierra tan azotada por las adversidades climatológicas asoman ahora a esas ventanas en que podemos verlos desde la apacible primavera madrileña.

            Y una de las ventanas, una de las fotografías, es esta. El monasterio estaba rodeado de ermitas, porque algunos monjes hicieron vida anacorética. Esta es una de ellas. El gesto del monje que hoy la cuida y vive en ella es muy expresivo. Parece decir, con sus brazos abiertos: Ya ven. Esto es lo que hay. ¿Qué hay? Mucho frío, mucha soledad, y algo que está detrás y que es lo único que no se ve: mucha fe.

 

 

           

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© Antonio Pau                                                                        

 

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