El pantógrafo

11/27/2017

Tiene uno a menudo la sensación de que los pasos que da aquí resuenan, como un eco, en ese “otro lado” del que hablaba el poeta. No sabe uno exactamente (ni aproximadamente) donde está ese “otro lado”, pero oye la voz  tenue del eco que viene de allí (o al menos cree oírla). Quizá porque sólo un leve muro (nur eine schmale Wand), dice Rilke, separa uno y otro lado. No creo que ni la teología ni nadie pueda explicar la relación entre nuestra tridimensionalidad terrena y esa otra dimensionalidad ultraterrena de la que, por contigua que esté, no tenemos ni idea. Pero es como si al escribir aquí, escribiéramos también en un libro que está en el “otro lado”.

 

En el colegio usábamos en algunas clases de dibujo (¿o era de geometría?) un aparato formado por tablillas articuladas que se llamaba (y se sigue llamando) pantógrafo. Con un extremo del pantógrafo trazábamos una figura o una frase, y esa misma figura o esa misma frase iba apareciendo al tiempo, trazada por el otro extremo del pantógrafo, en un papel distinto y alejado. El Papa ha dicho hace poco algo que quizá tenga relación con esto: Que nuestro día a día tenga cierto sabor a eternidad. Eco o sabor, en todo caso es algo que tiene relación con el “otro lado”. Pero, como escribió Wittgenstein, de lo que no sabemos es mejor callarse. Wovon man nicht reden kann, darüber muss man schweigen.

 

 

 

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