La esfericidad del ser

11/18/2017

La primera vez que Rilke habla del otro lado de la naturaleza es en un poema de 1911:

 

…los dioses, que cercanos vibran

al otro lado de la naturaleza.

 

Toda la religiosidad de Rilke gravita sobre esa idea del otro lado. En una carta a la condesa Sizzo del 6 de enero de 1923 le dice: ...Al igual que la luna, tiene la vida ciertamente (gewiss) un lado que está siempre vuelto de espaldas a nosotros, y que no es su contrario, sino el complemento que determina su plenitud, su totalidad, y que forma la esfera completa del ser (die volle Sphäre des Seins).

 

Rilke tuvo vivencias de ese otro lado -las que cuenta en un breve texto titulado precisamente así, Vivencia (Erlebnis), de 1913-, pero no fueron experiencias místicas: Rilke no sintió a Dios; sintió simplemente el otro lado, vacío.

 

Por esa razón, porque al otro lado no encontró nada -y no por ello dejó de creer con firmeza en la existencia de ese otro lado-, los poemas religiosos de Rilke son interrogativos.  Ha encontrado un reverso vacío, y para entender ese vacío necesita respuestas.

 

El eco de Rilke se percibe con claridad en la afirmación de Guardini de que (comillas) la muerte es el lado de acá de un todo, cuyo lado opuesto se llama resurrección. En realidad es también una respuesta a Rilke. Pero el poeta sabía que las suyas eran preguntas retóricas, que nadie puede, propiamente, responder.

 

 

 

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© Antonio Pau                                                                        

 

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