Discreción

10/26/2017

 

La colegiata de Torrijos es una iglesia  bellísima, con una mezcla de estilos muy propia del año en que se terminó: 1518. La construcción exterior es clasicista, la interior es gótica y la portada es plateresca. Tiene además un espléndido retablo manierista, es decir, de un renacentismo tardío en el que apunta ya el barroco. Como tiene elementos estilísticamente tan diversos, no se pueden apresar todos en una misma fotografía. He optado por la portada plateresca.

 

La colegiata tiene empaque y dimensiones de catedral. Sin embargo tiene el encanto de lo discreto, de quien prefiere vivir al margen del ajetreo social. Es como una catedral que hubiera optado por la vida sencilla de un pueblo. Como esos obispos que dejan la mitra y el báculo y se van de misioneros a una aldea perdida de otro continente. Torrijos es un pueblo tranquilo y luminoso, y en mitad de esa tranquilidad y esa luz está la colegiata, con su empaque y a la vez con su discreción.

 

El año que viene se cumple el medio milenio de su construcción. Y estoy muy contento desde que el Concejal de Cultura me ha llamado para que participe en los actos que van a conmemorarlo. Creo que mi alegría tiene que ver con eso que Wieland y otros alemanes del XVIII llamaban die Geburtsluft (el aire del [lugar de] nacimiento). El aire del lugar en que uno ha nacido es muy especial: es el primero que ha respirado al llegar al mundo, y cada vez que vuelve uno a respirarlo, por mucvuelve has que sean, parece que a reestrenar el mundo. En otras palabras: volver a Torrijos es  siempre una emoción nueva.

 

 

 

 

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© Antonio Pau                                                                        

 

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