Medievalismos

10/25/2017

 

El bueno, sabio y admirado Manuel Fraijó ha hablado de Lutero en dos conferencias de la Fundación March, pronunciadas tanto en olor como en loor de multitudes. Entre otras muchas cosas que ha dicho al paso, se ha referido a los altaristas (die Altaristen), unos curas medievales a los que Lutero llevó al paro. Estos altaristas eran personajes conmovedores: curas analfabetos (como la inmensa población alemana de la época; el noventa y cuatro por ciento no sabía leer ni escribir) que sólo sabían decir la misa de memoria. No podían ser párrocos ni tener ningún cargo eclesiástico por su falta de formación, y vivían en permanente disponibilidad para ir a decir misa a donde los mandaran. No se atrevían a predicar. Algunos sabían, también de memoria, un único sermón, y lo repetían todas las veces.

 

Lo que resulta especialmente conmovedor es el contraste entre su analfabetismo y su oficio: decir misa y, sobre todo, consagrar. Unos personajes que difícilmente podían ser más incultos realizaban el acto más sublime.

 

Cuando Lutero eliminó la misa, y con ella los altares, los altaristas de los territorios protestantes se quedaron sin trabajo. ¿Qué iban a hacer desde entonces con aquel mínimo bagaje de su memoria, que era su único tesoro?

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© Antonio Pau                                                                        

 

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