Entender

10/20/2017

Has desaprès d’entendre an els teus fills?, pregunta Joan Maragall en uno de los versos finales de su Oda a España. Y no es una pregunta retórica, sino sincera y desazonada. Se lo pregunta a España.

 

No sé cuál será la mejor traducción. ¿Se te ha olvidado entender a tus hijos? ¿No entiendes ya a tus hijos? Lo que está claro es que Maragall, hablando por sí mismo y por todos los “hijos catalanes” de España, duda de si son entendidos.

 

Hay un primer “entender” que desde luego no existe. Es entender el idioma. Cualquier frase catalana que se dice en un medio de comunicación necesita subtítulos o traducción simultánea. Como lengua romance que es, no resulta, en realidad, difícil de entender. Bastaría con que los chicos (de toda España) recibieran en el colegio quince clases de catalán y tuvieran un manualito de veinte páginas, para que entendieran todo. Porque un idioma es un sistema, como dicen los lingüistas, y eso facilita la comprensión –o la intuición– global aunque se disponga de pocos elementos.

 

Hay un segundo “entender” que tampoco existe. Es entender la cultura. ¿Quién conoce dos o tres sardanas (las hay bellísimas)? ¿alguien ha oído alguna vez por la radio una sardana?  ¿quién sabe lo que es una cobla? ¿quién sabe cómo suena una tenora (y qué bello sonido el de este instrumento)? ¿por qué hay miles de madrileños que intentan bailar flamenco y probablemente ninguno que tenga interés en aprender a bailar una sardana (que es un baile jovial y serio al mismo tiempo, un baile de grupo, “solidario”, diríamos con la palabra que hoy expresa el valor supremo).

 

Cada cual puede seguir pensando si tiene interés en “entender”. Aquí no hay sitio para más.

 

 

 

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© Antonio Pau                                                                        

 

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