Al final

10/19/2017

La industrialización entró en la vida diaria como un vómito que arrojaran las máquinas. Pero algunos individuos pensaron que aquellas cosas fabricadas en serie no tenían que ser necesariamente feas. Maquinismo y belleza no eran incompatibles. Y se inventaron el diseño industrial, el arte aplicado o, como se llamó en sus dos principales focos europeos, Arts and Crafts y Deutscher Werkbund. Sin embargo, ingleses y alemanes vieron el asunto de manera inversa. Los ingleses añadieron a los objetos industriales una estética preconcebida, y los alemanes quisieron que fueran los objetos los que se expresaran por sí mismos, los que determinaran su propia belleza. La consecuencia es que Arts and Crafts murió hace mucho tiempo y el Werkbund sigue vivo. Por eso, la exposición William Morris y Compañía que estos días presenta la Fundación March es pura arqueología: nadie se sentaría hoy en sillas tan medievalmente incómodas ni empapelaría su casa con una vegetación tan agobiante.

 

Sin que se sepa bien por qué, justo al final de la exposición cuelga este bellísimo cuadrito de Pere Torné, que desacredita todo lo que se ha visto a lo largo de las salas anteriores. Parece decir al espectador: Fíjate que elegante es la sencillez y que abrumador el recargamiento que acabas de recorrer.

 

 

 

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© Antonio Pau                                                                        

 

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