El gancho del trapero

El precedente de los blogs está en los muchos periódicos del siglo XIX que tenían un solo redactor, o varios que eran en realidad uno solo que escribía con distintos seudónimos. Pero el capricho de editarse un periódico propio resultaba caro, y una infinidad de ellos no pasó de los tres o cuatro números. En muchos casos ni siquiera del primero. En la década que va de 1860 a 1870 –por elegir un periodo cualquiera del siglo– salieron en Madrid nada menos que 893 periódicos. Es evidente que la mayoría de ellos respondían a la ilusión de un individuo solitario por encontrar amigos (quizá solitarios también) con los que compartir su vida.

Una de las cosas más extraordinarias de esos periódicos fugaces eran los títulos: Crónica de ambos mundos, Cajón de sastre o montón de muchas cosas, El hablador juicioso y crítico imparcial, Páginas de un demente, El Pregonero, El Conciliador, Don Trifón o el cantor de las verdades, El duende del Manzanares, El gancho del trapero, El Vigía, El Vaticinador, El Centinela, El avisador de España, Azucarillos y merengues, El amigo de todos, El monaguillo de Las Salesas, El bufón de la Corte…

No creo que a estos blogeros del siglo XIX les parezca mal que alguien tome en préstamo una de sus cabeceras para ponerla al frente de un blog del siglo XXI. Entre Crónica de ambos mundos, Azucarillos y merengues y El gancho del trapero, no sabe uno por cuál optar y acaba decidiéndose por el último. El trapero va hurgando con el gancho entre las cosas que encuentra, pincha la que tiene valor y la echa al cesto que lleva a la espalda. Entre tanto trapo sucio, entre tanta vanidad y simpleza, siempre hay algo que lanza un pequeño brillo verdadero, y a veces hasta grande…

 

8/12/2019

       Es posible que el año que viene se apropien de Concepción Arenal tanto la derecha como la izquierda. Y harán bien. A ella le habría gustado. En vida la lincharon una y otra, porque era una mujer conciliadora, que veía lo bueno que había en todas partes. Pero este no es un país en que se aprecie lo bueno de los demás, ni se tolera que se aprecie. (Aunque de nobis ipsis silemus: yo nunca he estado en un partido de fútbol, pero iré de buena gana cuando los de un equipo aplaudan sinceramente -no con mala intención, para humillar a los propios, porque eso sí se hace- las buenas jugadas del equipo contrario). Por ejemplo: Concepción Arenal fue una entusiasta de la Cruz Roja, lo que le criticaron (los de derechas) porque la CR hacía beneficencia y no caridad cristiana. Concepción Arenal fue también una entusiasta de las Conferencias de San Vicente de Paúl, lo que le criticaron (los de izquierdas), porque las CSVP hacían una caridad de beatas. Y Arenal se pregun...

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