El gancho del trapero

El precedente de los blogs está en los muchos periódicos del siglo XIX que tenían un solo redactor, o varios que eran en realidad uno solo que escribía con distintos seudónimos. Pero el capricho de editarse un periódico propio resultaba caro, y una infinidad de ellos no pasó de los tres o cuatro números. En muchos casos ni siquiera del primero. En la década que va de 1860 a 1870 –por elegir un periodo cualquiera del siglo– salieron en Madrid nada menos que 893 periódicos. Es evidente que la mayoría de ellos respondían a la ilusión de un individuo solitario por encontrar amigos (quizá solitarios también) con los que compartir su vida.

Una de las cosas más extraordinarias de esos periódicos fugaces eran los títulos: Crónica de ambos mundos, Cajón de sastre o montón de muchas cosas, El hablador juicioso y crítico imparcial, Páginas de un demente, El Pregonero, El Conciliador, Don Trifón o el cantor de las verdades, El duende del Manzanares, El gancho del trapero, El Vigía, El Vaticinador, El Centinela, El avisador de España, Azucarillos y merengues, El amigo de todos, El monaguillo de Las Salesas, El bufón de la Corte…

No creo que a estos blogeros del siglo XIX les parezca mal que alguien tome en préstamo una de sus cabeceras para ponerla al frente de un blog del siglo XXI. Entre Crónica de ambos mundos, Azucarillos y merengues y El gancho del trapero, no sabe uno por cuál optar y acaba decidiéndose por el último. El trapero va hurgando con el gancho entre las cosas que encuentra, pincha la que tiene valor y la echa al cesto que lleva a la espalda. Entre tanto trapo sucio, entre tanta vanidad y simpleza, siempre hay algo que lanza un pequeño brillo verdadero, y a veces hasta grande…

 

1/30/2018

Dice Valle Inclán en La lámpara maravillosa que “nada es como es, sino como se recuerda.” Los recuerdos son una verdad portátil y cambiante. Allá donde estemos estarán ellos, vivos siempre. Porque, como escribió Novalis, “todo recuerdo es presente”. Alle Erinnerung ist Gegenwart.

Y como todo ente vivo, el recuerdo evoluciona y muere. La verdad real fue como fue, y es estática, y así seguirá siendo, testimoniada en documentos fehacientes que quizá lleguen a encontrar algún día los historiadores.

Pero luego está la otra verdad, la de los recuerdos, que es cambiante en la memoria de quien los guarda, y que con el paso de los años y de las décadas se desdibuja y desaparece.

¿Cuál es la verdad más verdadera? ¿Cuál es la realidad más real?

Valle Inclán lo tenía claro: “La verdad esencial no es la baja verdad que descubren los ojos”.

Este, el del libro, es mi Tánger. Sería inútil que me trataran de convencer de que en algo no fue así. Siempre prevalecerá la verdad del recuerdo, una verdad frágil...

1/16/2018

          Difícilmente puede conseguirse que el Manzanares sea un río. Se ha intentado por todos los medios, sobre todo construyendo grandes puentes, pero ese remedio se parece al que empleaba el barón de Münchhausen para salir del agujero al que se había caído: tirándose de las orejas. El Manzanares no pasa de ser un arroyo. En otros remotos tiempos sí debió de ser río, como lo acredita la amplia y profunda vaguada por la que discurre a su paso por la capital.

         Ahora acaban de construir este puente que aparece en la imagen. El caudal del río no llega a un palmo. Eso es todo. Es imposible pretender que cruce la ciudad con mayor cantidad de agua, porque no la tiene.

         El diccionario de la Academia define el arroyo como “caudal corto de agua, casi continuo”. ¿Dónde está la diferencia entre arroyo y río? ¿En el “casi”? Si todo es cuestión de continuidad, rectifico lo dicho: el Manzanares es un río.

Please reload

Entradas recientes

6/14/2020

3/3/2020

Please reload

Archivo
Please reload

© Antonio Pau                                                                        

 

antonio-pau@hotmail.com

  • Facebook Clean Grey
  • Twitter Clean Grey
  • LinkedIn Clean Grey