El gancho del trapero

El precedente de los blogs está en los muchos periódicos del siglo XIX que tenían un solo redactor, o varios que eran en realidad uno solo que escribía con distintos seudónimos. Pero el capricho de editarse un periódico propio resultaba caro, y una infinidad de ellos no pasó de los tres o cuatro números. En muchos casos ni siquiera del primero. En la década que va de 1860 a 1870 –por elegir un periodo cualquiera del siglo– salieron en Madrid nada menos que 893 periódicos. Es evidente que la mayoría de ellos respondían a la ilusión de un individuo solitario por encontrar amigos (quizá solitarios también) con los que compartir su vida.

Una de las cosas más extraordinarias de esos periódicos fugaces eran los títulos: Crónica de ambos mundos, Cajón de sastre o montón de muchas cosas, El hablador juicioso y crítico imparcial, Páginas de un demente, El Pregonero, El Conciliador, Don Trifón o el cantor de las verdades, El duende del Manzanares, El gancho del trapero, El Vigía, El Vaticinador, El Centinela, El avisador de España, Azucarillos y merengues, El amigo de todos, El monaguillo de Las Salesas, El bufón de la Corte…

No creo que a estos blogeros del siglo XIX les parezca mal que alguien tome en préstamo una de sus cabeceras para ponerla al frente de un blog del siglo XXI. Entre Crónica de ambos mundos, Azucarillos y merengues y El gancho del trapero, no sabe uno por cuál optar y acaba decidiéndose por el último. El trapero va hurgando con el gancho entre las cosas que encuentra, pincha la que tiene valor y la echa al cesto que lleva a la espalda. Entre tanto trapo sucio, entre tanta vanidad y simpleza, siempre hay algo que lanza un pequeño brillo verdadero, y a veces hasta grande…

 

12/18/2017

La homonimia es cosa curiosa. Que dos personas tengan el mismo nombre y apellido hace que quien parece que es irrepetible -y lo es, claro-, tenga una especia de réplica, un segunda versión -o una primera, según se mire-. Hubo con mi mismo nombre y apellido un norteamericano negro de principios del pasado siglo que, cuando trabajaba en el campo, vio un ovni que luego describió con tales visos de verosimilitud, que este A.P. aparece en todos los libros de ufología. Mi padre invitó a merendar una tarde a otro A.P., escultor de chimeneas y figuras de jardín, que acabó siendo amigo de la familia, y que mi padre presentaba con gran complacencia.

Horacio Ferrer ha sido el mejor letrista de tango de las últimas décadas. Murió hace ya unos años. Era un poeta surrealista y un gran recitador. Todos los argentinos, aunque no le hayan conocido, han oído alguna vez la expresiva interpretación, medio canturreada, que hacía de su “Balada para un loco”, a la que había puesto música Astor Piazzola. Le co...

12/8/2017

En la calle Alhambra Circle -llamada así porque va serpenteando por el corazón de Coral Gables-, casi esquina a Ponce de León Boulevard -y muy cerca de la Giralda Avenue, en la que un Giradillo remata un rascacielos-, el actual número 200 es el 160 antiguo, en el que vivió JRJ. “Tenemos aquí una casita andaluza (todo esto recuerda a Andalucía, blanquísima, limpísima, suficiente). Hay un cuartico para Usted si algún día se decide a visitarnos”, le escribe a Pablo Bilbao Arístegui, sacerdote y musicólogo, en una carta de 25 de noviembre de 1939.

Es un milagro que la casa se conserve en mitad del núcleo financiero de Coral Gables, rodeada de fríos edificios -aluminio y cristal- bancarios, mercantiles y especulatorios. La casa es andaluza sólo en el sueño de JRJ, aunque tenga azotea y unas fachadas de color almizcle que pueda evocar el albero de la Andalucía atlántica del poeta. Esta fotografía es del pasado domingo, y quizá entonces -hace ochenta años- la apariencia de la casa fuera otra....

12/2/2017

Sócrates insatisfecho: Tengo un dolor cósmico que me quita el sueño.

Cerdo satisfecho: Pues a mí, habiendo cielo azul y bellotas, nada me quita el sueño.

Sócrates insatisfecho: No sé si me preocupa más lo visible que lo invisible.

Cerdo  satisfecho: Lo invisible no existe. Hocemos y abrevemos. He oído hablar de un tal San Martín, pero son fabulaciones.

Sócrates insatisfecho: No, cerdo amigo, lo que son fabulaciones es lo del día después. El doce de noviembre, San Cuniberto, no el once, San Martín. ¿Qué va a ser de nosotros el doce de noviembre?

Cerdo satisfecho: Once, doce… bah! Palabras y sólo palabras. Es primavera, Sócrates, échate en las flores, fúmate un puro, sonríe… Cuando llegue el otoño, lo que tenga que sonar, sonará. Ya nos enteraremos… o no. Y si no… mejor.

Sócrates insatisfecho se tumba y saca el mechero: Amigo cerdo, tú eres el verdadero filósofo, el que sabe guiar la razón a la felicidad. (Da unas cuantas caladas al puro).

(¿O acaso tiene más razón J. Stuart Mill cuando escribi...

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