El gancho del trapero

El precedente de los blogs está en los muchos periódicos del siglo XIX que tenían un solo redactor, o varios que eran en realidad uno solo que escribía con distintos seudónimos. Pero el capricho de editarse un periódico propio resultaba caro, y una infinidad de ellos no pasó de los tres o cuatro números. En muchos casos ni siquiera del primero. En la década que va de 1860 a 1870 –por elegir un periodo cualquiera del siglo– salieron en Madrid nada menos que 893 periódicos. Es evidente que la mayoría de ellos respondían a la ilusión de un individuo solitario por encontrar amigos (quizá solitarios también) con los que compartir su vida.

Una de las cosas más extraordinarias de esos periódicos fugaces eran los títulos: Crónica de ambos mundos, Cajón de sastre o montón de muchas cosas, El hablador juicioso y crítico imparcial, Páginas de un demente, El Pregonero, El Conciliador, Don Trifón o el cantor de las verdades, El duende del Manzanares, El gancho del trapero, El Vigía, El Vaticinador, El Centinela, El avisador de España, Azucarillos y merengues, El amigo de todos, El monaguillo de Las Salesas, El bufón de la Corte…

No creo que a estos blogeros del siglo XIX les parezca mal que alguien tome en préstamo una de sus cabeceras para ponerla al frente de un blog del siglo XXI. Entre Crónica de ambos mundos, Azucarillos y merengues y El gancho del trapero, no sabe uno por cuál optar y acaba decidiéndose por el último. El trapero va hurgando con el gancho entre las cosas que encuentra, pincha la que tiene valor y la echa al cesto que lleva a la espalda. Entre tanto trapo sucio, entre tanta vanidad y simpleza, siempre hay algo que lanza un pequeño brillo verdadero, y a veces hasta grande…

 

10/15/2019

Que una artista haya nacido ayer mismo, en 2010, y ya lo sea, es un milagro. Que Alba Lorenzo pinte así es un milagro. Le acaban de dar unos de los Premios BMV. Ya no hay milagros como el de resucitar a los muertos, pero hay otros más sutiles. Son como las migas de pan que Hänsel fue echando para encontrar el camino de regreso cuando se adentró en el bosque con su hermana Gretel. Hay una mano invisible que echa unas migas de pan sobre algunas cabezas, y esas migas marcan un camino que conduce al misterio, un misterio que quizá haya que escribir con mayúscula.

10/8/2019

       Ha vuelto a publicarse el último relato que escribió Joseph Roth, poco antes de morir  a los cuarenta y cuatro años: La leyenda del santo bebedor. Es un relato extraordinariamente delicado. Al vagabundo Andreas Kartak lo trata Roth con inmensa compasión, cosa nada sorprendente, porque ese personaje es el propio autor. Roth llamó a la La leyenda mi testamento. Roth, judío perseguido por los nazis y huido a París, se convirtió al catolicismo, pero lo hizo secretamente, como tantos judíos que no quisieron manifestar públicamente el abandono del judaísmo en una época en que estaban perseguidos o eran asesinados. Podría haberse entendido como una traición a sus hermanos.

       El argumento de La leyenda es muy sencillo, entre otras cosas porque el relato tiene sólo noventa páginas. Al vagabundo Andreas Kartak le entrega un señor desconocido un billete de 200 francos que el vagabundo se empeña en devolverle más adelante. El desconocido le dice que, s...

8/12/2019

       Es posible que el año que viene se apropien de Concepción Arenal tanto la derecha como la izquierda. Y harán bien. A ella le habría gustado. En vida la lincharon una y otra, porque era una mujer conciliadora, que veía lo bueno que había en todas partes. Pero este no es un país en que se aprecie lo bueno de los demás, ni se tolera que se aprecie. (Aunque de nobis ipsis silemus: yo nunca he estado en un partido de fútbol, pero iré de buena gana cuando los de un equipo aplaudan sinceramente -no con mala intención, para humillar a los propios, porque eso sí se hace- las buenas jugadas del equipo contrario). Por ejemplo: Concepción Arenal fue una entusiasta de la Cruz Roja, lo que le criticaron (los de derechas) porque la CR hacía beneficencia y no caridad cristiana. Concepción Arenal fue también una entusiasta de las Conferencias de San Vicente de Paúl, lo que le criticaron (los de izquierdas), porque las CSVP hacían una caridad de beatas. Y Arenal se pregun...

5/30/2019

           No hay duda de que le resulta más fácil a una mujer describir a otra mujer que a un hombre describir a una mujer. Prueba al canto: si un hombre pasa un día entero con una mujer y de pronto llegan a un lugar concurrido en que la mujer desaparece momentáneamente de la vista del hombre, éste se pregunta, tratando de localizarla, ¿pero cómo iba vestida? Eso jamás le pasaría a una mujer, que al instante de ver a otra podría cerrar los ojos y describirla minuciosamente.

         No sé si esto puede influir en el atractivo de las figuras femeninas dibujadas por mujeres que forman la exposición Dibujantas del Museo ABC. Se han reunido cuarenta ilustradoras que a lo largo de un siglo y pico –desde que se fundó Blanco y Negro en 1891 hasta hoy mismo- han dado vida a los textos publicados en esa revista y en el diario ABC. Casi todas las ilustraciones seleccionadas son figuras femeninas. No son figuras intemporales, sino actualísimas –del momento...

5/29/2019

          Cuando Alexander Solzhenitsyn se inventó para título de su larga novela-reportaje el nombre de Archipiélago Gulag, estaba uniendo un elemento real –el archipiélago Solowetzky, cercano al  Círculo Polar Ártico- y un elemento ficticio –ningún archipiélago se llama así: GULAG son las iniciales rusas de uno de los órganos más temidos de la Administración soviética, Dirección General de Campos de Trabajo Correccional–.

            Pues bien, en la isla principal de ese archipiélago, Bolshoy Solovetsky, y dentro de ella en el único punto habitado, Solovki, unos monjes ortodoxos fundaron un monasterio a mediados del siglo XV. En 1992, cuando el monasterio se incorporó al Patrimonio de la Humanidad, el acuerdo declaró que era “un testimonio admirable de la fe y la tenacidad de las comunidades religiosas de la Edad Media”. Que el monasterio –como la isla– esté casi todo el año cubierto de nieve y a temperaturas bajo cero, es, desde luego, una prueba de ascetismo dif...

5/19/2019

El título de este cuadro (que forma parte de la exposición del Palacio de Velázquez del Retiro), Autorretrato del otro, es un título orteguiano. Puede uno poner la mano en el fuego sin riesgo alguno de perderla si afirma que Tetsuya Ishida no tenía ni idea de quién era Ortega y Gasset. Y sin embargo, el pintor japonés piensa (o más bien pensó, porque dejó este mundo en 2005) lo mismo que el filósofo español: que yo soy yo y mi escarabajo. Tetsuya Ishida era sintoísta, y tampoco perdería uno la mano, puesta en el fuego, si afirma que no leyó los evangelios. Sin embargo, el pintor japonés piensa (o pensó) lo mismo que el evangelista judío: que suele verse el escarabajo en la espalda ajena y no la cucaracha en el propio. Autorretrato del otro es una obra altamente aleccionadora: no olvides que hay un escarabajo que forma parte de ti; no lo olvides cada vez que veas un escarabajo en la espalda ajena.

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